La guerra. Un género cinematográfico que ha dado grandes películas. Algunos ejemplos. En el cine mudo la obra maestra de King Vidor, “El gran desfile”, (1925). Ya en el sonoro otra obra maestra antibelicista, “Sin novedad en el frente”, (1930), dirigida por Lewis Milestone, basada en una novela de Erich María Remarque, que en su momento causó una gran conmoción, por su mensaje pacifista, dando un rostro humano al enemigo, el destino de su joven protagonista, inmerso en la carnicería de la Primera Guerra Mundial, nos deja con un nudo en la garganta.
Películas que muestran la crudeza de la guerra, el compañerismo, los amigos caídos, el heroísmo y la cobardía, todas las pasiones humanas, la mezquindad, la maldad, la generosidad extrema. Desde las penalidades para atravesar una jungla inexpugnable, “Objetivo Birmania”, Raoul Walsh, (1945), con el carisma de Errol Flynn, a “También somos seres humanos”, la excepcional película de William A. Wellman de 1945, desde el punto de vista de un corresponsal de guerra, Burgess Meredith, que sigue a los soldados americanos en la invasión de Italia hasta la batalla de Montecassino. En un momento dado uno de los soldados expone el pensamiento de los reclutas que quizá nunca habían salido de su pueblo y ahora marchan al frente desconociéndolo todo; “cuando acabe esta guerra, voy a comprarme un mapa y averiguar donde he estado”.
En otras ocasiones la guerra es el telón de fondo de una trama casi detectivesca, “Cinco tumbas al Cairo” (1943), Billy Wilder. Los espías y sus complejas tramas urdidas para averiguar los planes enemigos en el escenario de países neutrales, “Operación Cicerón”, (1952), Joseph L Mankiewicz. Qué magnífico actor James Mason, intentando informar a los alemanes del lugar donde se va a producir el definitivo desembarco de las tropas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. El estupendo final es acorde con el irónico personaje.
La guerra como escenario de pesadilla, un descenso a los infiernos en “Apocalypse Now”, (1979) Francis Ford Coppola, en busca del coronel Kurtz, o cómo un rígido oficial británico en un campo de prisioneros en Tailandia, interpretado por el siempre genial Alec Guinness, puede perder completamente el sentido de una misión, hasta el punto de condenar, a sí mismo y a su obra, a la destrucción, “El puente sobre el río Kwai” David Lean, (1957).
Películas que se centran en batallas, Midway, Tobruk, las Ardenas, Waterloo, Balaclava, Galípoli. Otras, en figuras históricas, quizá la más famosa es “Patton”, (1970), Franklin J. Schaffner, rodada en España, con un inmenso George C. Scott, que explora todas las facetas de una personalidad excesiva, un hombre culto y despiadado, divertido y cruel, valiente y miserable.
En los últimos años se ha revitalizado este género, “Dunkerque” (2017) Christopher Nolan, que, con su puesta en escena, nos introduce en la propia guerra, participando de la angustia de un soldado británico que intenta sobrevivir y volver a Inglaterra en alguno de los barcos que, la heroicidad de muchos civiles, acercó a la costa francesa para ev-cuar a gran parte del ejército inglés cercado por el formidable ejército alemán. Lo mismo cabe decir de “1917”, (2019), Sam Mendes, en tiempo real y en un solo plano acompañamos a dos soldados en una misión prácticamente suicida a través de las trincheras en el escenario devastador de la Primera Guerra Mundial, que tanto impactó dejó en los países que participaron en la misma. El cinismo acompaña a la ineptitud de quienes ordenan misiones tan imposibles como absurdas, sin asumir nunca las consecuencias de su propio fracaso, una visión demoledora de las élites militares, se refleja con toda la crudeza de que es capaz un director como Stanley Kubrick en “Senderos de Gloria”, (1957). Aquí no hay sitio para la épica.
Dos películas se han estrenado este año. La “Odisea” (nuevamente Christopher Nolan) la guerra de Troya y sus efectos en quien ha participado en ella y contribuido decisivamente al triunfo. Ulises, el personaje que funda toda la narrativa occidental, humano, y por ello, complejo y contradictorio.
Un film pequeño, “Tiempo de Victoria “, (Anthony Maras), narra como si fuera un thriller un episodio real de la Segunda Guerra Mundial. Nos encontramos en el cuartel general de Eisenhower, (Brendan Fraser), situado en las cercanías de Portsmouth y Londres. Las tropas acuarteladas, los equipos en orden, los barcos dispuestos, maniobras de distracción a punto, todo está preparado para el desembarco de Normandía, ¿el día 5 de junio de 1944? Allí llega, unas 72 horas antes del día D, un capitán escocés, James Stagg, no muy empático ni simpático, concienzudo, serio. Es… meteorólogo. Churchill lo recomienda para que asesore al mando aliado. Le nombran jefe del equipo de meteorólogos que están manejando una enorme cantidad de datos, mapas, estadísticas, antecedentes históricos. Quien lleva la voz cantante es un coronel americano, hombre de confianza de Eisenhower, que ha pronosticado, para alegría de todos, que el tiempo en las playas normandas va a ser magnífico.
Nuestro héroe se sobrepone a sus problemas personales para realizar el trabajo que le ha sido encomendado, es simplemente un gran profesional. La tensión va creciendo, también las presiones de superiores y compañeros, hasta hacerse insoportables. Stagg no puede asegurar nada, sólo aventurar una probabilidad, dar una opinión basada en sus conocimientos, y sostiene su posición, en soledad. Desaconseja firmemente que la operación anfibia se realice ni el día 5, ni en los posteriores, pronostica una tormenta terrible, que les conducirá al desastre. El alto mando se le echa encima, para ellos es alguien insignificante que les está fastidiando, insisten, lo cual es en verdad absurdo, en que se les diga lo que quieren oír, que el tiempo será bueno. Quien debe tomar la decisión es un único hombre, Eisenhower. Finalmente, rumiando que en realidad ha cometido un error, aborta la operación.
Vemos como el día 5 aparece soleado, magnífico. Stagg, (qué buen actor Andrew Scott para transmitir los sentimientos de personajes introvertidos), pasea tristemente por los jardines, ese sol es el testigo mudo de su derrota. Poco a poco, el cielo se va nublando. Todos sabemos que el desembarco tuvo lugar el día 6, no explicaré los avatares que llevan a decidir esta nueva fecha, tampoco exenta de riesgos. Lo interesante de la película es que muestra, en una situación de una enorme tensión, como un profesional que se limita a hacer su trabajo de una manera honesta puede salvar el mundo. Y otra cosa, qué difícil es llevar la contraria a quien ostenta el poder, como te has de preparar para recibir el castigo a tu osadía. Frente a la fuerza de la Naturaleza, poco se puede hacer, pero da igual, prefiero seguir con mis planes sin que se interponga un minúsculo funcionario explicando cosas que sus superiores, en realidad, no entienden. Qué importante es también quien está al mando. Eisenhower prepara dos declaraciones, una para caso de victoria, otra para la eventual derrota.
