Es lugar común el considerar que una ficción (ya sea literaria, cinematográfica o televisiva) basada en el sistema judicial español puede ser o interesante o rigurosa, pero no ambas cosas. Al fin y al cabo, acostumbrados como estamos a la teatralidad del proceso anglosajón, el nuestro parte con evidente desventaja: no tenemos testigos sorpresa, ni el consabido “acérquense los letrados al estrado”… por no tener, no tenemos ni mazo. Pero en ocasiones aparece una rara avis que consigue conjugar con maestría la brillantez de un drama judicial con el rigor en el vocabulario técnico jurídico y los entresijos de un proceso penal real. Así ocurre con la novela que se reseña en estas líneas: Cruce de damas, de la fiscal en activo María Boado Olabarrieta.
Cruce de damas ha sido el segundo libro propuesto para el Club de Lectura de la Asociación Francisco de Vitoria, con indudable acierto. La autora narra la historia de una violación desde varios puntos de vista: el de la víctima, el del condenado por el delito y el de una abogada novata que, sin saber muy cómo, se ve arrastrada años después a revisar un caso que parecía cerrado sin fisuras. Los tres personajes principales (y varios secundarios importantes) están trazados con imparcialidad, mostrando sus luces y sombras, y aunque están perfectamente individualizados, no es difícil reconocer en ellos tipos humanos bien definidos, hasta el punto de que se tiene la sensación de haber conocido o tratado en alguna ocasión a personas muy similares, todo ello sin caer en el tópico.
La trama se desarrolla en dos tiempos, el momento de los hechos y la revisión del caso seis años después, lo que permite al lector acercarse a los sucesos con las distintas perspectivas temporales e individuales de los intervinientes. Con un ritmo pausado pero nunca lento, la autora nos acerca a los entresijos de una instrucción penal y permite a quienes nos dedicamos al Derecho asomarnos a lo que ocurre al otro lado de los procedimientos y ritos procesales, es decir, a los sentimientos de los ciudadanos intervinientes, sean imputados o víctimas, así como a las consecuencias de los pronunciamientos judiciales en el ámbito personal de los afectados, que a veces se escapan a los profesionales de la Justicia.
Asimismo, la novela atesora una riqueza de temas que van más allá de lo meramente jurídico, como la idea de libertad (no solo la física, sino también la psicológica e incluso la social), la lealtad, la salud mental e incluso las propias contradicciones de la conducta humana, tan desconcertante a veces. Todo ello sin olvidar que se trata de un drama con tintes de thriller que mantiene continuamente una tensión creciente pero contenida, con un final que no decepciona y del que desde luego no se va a desvelar nada en estas líneas. A ello se une el uso de unos diálogos muy creíbles y naturales, lo que ayuda a afianzar la sensación de realidad de la trama.
Mención aparte merece la ambientación geográfica, pues la acción se desarrolla principalmente en dos localizaciones, Oña (Burgos) y Bilbao, y los que vivimos en la capital vizcaína podemos disfrutar mucho de las indicaciones de calles y plazas, que casi constituyen una guía turística.
Desde la redacción de VITORINOS os invitamos encarecidamente a acercaros a esta novela que no va a decepcionar. Y por añadidura, se puede acceder a la tertulia mantenida con la autora, disponible en el canal de YouTube de la Asociación Judicial Francisco Vitoria.
